¿Puede curarse la depresión?

¿Crees que la depresión no tiene cura? Christian Spadone afirma lo siguiente:

 

Los trastornos depresivos se cuentan entre las enfermedades más frecuentes en todos los países, dado que las tasas de depresión son similares en todas partes. Si se observa la población general de un país en un momento dado, es posible comprobar que alrededor del 3 al 5 por 100 de las personas se ven aquejadas por una depresión.

 

Ahora bien, resulta paradójico que, aunque la depresión plantee un problema de salud pública en todos los países del mundo, se la subestime de forma generalizada. Pero la depresión debe tomarse en serio: no se trata de “estados de ánimo” ni de una fatalidad, sino de una verdadera enfermedad. De este modo, el primer paso es reconocer este hecho, indispensable para tratarla e, inclusive, para curarla.

 

Como las demás enfermedades, la depresión presenta síntomas muy precisos que permiten al médico establecer un diagnostico y luego comenzar un tratamiento. Cuando una persona acude a la consulta de un especialista, no es muy difícil para éste reconocer una depresión.

Las dificultades que se presentan para “curar” las depresiones se encuentran antes y después del diagnóstico.

 

La enfermedad depresiva es insuficientemente conocida por el gran público, e incluso es frecuente que sea del todo desconocida para muchos, tanto para los que la padecen como para su entorno.

 

Hay muchos estudios científicos que han puesto de manifiesto que la mayoría de las recaídas depresivas o de las respuestas desfavorables al tratamiento se debían al hecho de que la depresión no había sido tratada de forma correcta. Esto no se debe a la falta de tratamientos eficaces, sino a que, es una enfermedad que se sigue subestimando, por lo cual puede explicarse por el hecho de que los pacientes raramente reconocen que se trata de una enfermedad, que los médicos están menos sensibilizados a las enfermedades psiquiátricas que a las somáticas, y que en la mayor parte de las culturas resulta difícil solicitar ayuda para una enfermedad mental. También la puesta en marcha de los tratamientos se ve obstaculizada por la dificultad a la hora de hacer un seguimiento adecuado. Este último punto, que se llama observación terapéutica, es reconocido, por otra parte, como el componente más relevante en la curación de los estados depresivos. Una mala observación aumenta el riesgo de recaída, y actualmente es el aspecto en el que focalizan todos los expertos.

 

Afortunadamente, hay razones para la confianza: mientras que numerosas enfermedades no cuenta con un tratamiento realmente eficaz, la depresión ya no carece de recursos al respecto, puesto que el verdadero desafío consiste “solamente” en implementar de la mejor manera posible los tratamientos disponibles. Un tratamiento multidisciplinar que combine la terapia como vía de solución.