Reglas para convertirse en un buen jefe

Diversas investigaciones revelan el comportamiento más adecuado para los puestos directivos.

Sea un líder modesto

Se ha comprobado que el «jefazo arrogante», esa clase de directivo que desprecia toda realimentación, se mofa de las ideas de sus subordinados y esquiva cualquier responsabilidad cargándose a los demás, resulta destructivo en cualquier organización o empresa. Los comportamientos de este estilo crean mal ambiente, hacen estresante el trabajo y provocan abandonos de personal. Es más probable, en cambio, que los líderes modestos, receptivos a ideas nuevas y con la humildad de admitir sus errores, logren cosechar la lealtad de sus subordinados.

Conceda cierta autonomía

Se habla con frecuencia de «fatiga laboral» que implica gastos médicos, bajas por enfermedad, desánimo y rotación del personal. Una de las formas más eficaces de reducir el estrés de los trabajadores consiste en ofrecerles un poco más de autonomía, hacerles sentir que tienen cierto control sobre su trabajo. Según Edward Deci, de la Universidad de Rochester: «Si los gerentes o los propietarios de una empresa no se ponen inflexibles, podemos permitir que los empleados hagan ciertas cosas como juzgar mejor». «Los mejores jefes hacen que los empleados se sientan comprendidos y crean tener alguna opción sobre lo que hacen y en cómo lo hacen.»

No reparta palos, reparta flores

¿Si usted no se preocupa por su empleado, su empleado se preocupará por su empresa?

Se sabe que el miedo al castigo no es una motivación poderosa. También existe discrepancia sobre si los incentivos tangibles (primas en dinero u otros premios) resultan eficaces. En cambio, se afirma que la realimentación positiva (el halago, unas palabras de agradecimiento) es un incentivo que casi siempre funciona. Estos palabras de agradecimiento o halagos alientan la percepción del trabajador de ser capaz de desempeñar su función laboral adecuadamente.

Quienes están poderosamente motivados, dedicados a su trabajo y comprometidos con él, lo hacen bien. Y cuando lo hacen bien, la compañía obtiene resultados positivos.

En resumen, un buen jefe debe ser humilde, dar confianza y ofrecer estímulos adecuados. Si un subordinado desarrolla un buen trabajo, no deje de decírselo. Resulta muy fácil y no conlleva ningún coste. HÁGALO

 

Fuente: Revista mente y cerebro. Investigación y ciencia (Sunny Sea Gold)